España y Europa a la deriva

La sociedad del consumo también se refleja en el consumo de información. Las nuevas tecnologías han traído mayor pluralidad informativa y facilidad de acceso a la información, pero también que el exceso de informaciones sature al receptor y se quede únicamente con un análisis superficial. Por eso, en ocasiones hay que pararse a analizar el conjunto, leer el detalle y así poder sacar conclusiones fundadas.

Llevamos cerca de 10 años sufriendo una crisis económica, social y política, que ha dado lugar a una reacción ciudadana pidiendo un cambio real en las políticas y en las instituciones. Pero hay importantes poderes fácticos que no se van a dar por vencidos tan fácilmente y pretenden forzar una contrarreforma que impida esa transición que tanta gente anhela. De esta forma, hemos sido testigos en las últimas semanas de una persecución contra la libertad de expresión y manifestación nunca vista en democracia. Se encarcela a artistas por una obra de ficción, se enjuicia a manifestantes y huelguistas, se publican datos personales y falsedades de activistas…

Hay una España rancia que se resiste a entrar en el siglo XXI y está dispuesta a todo para mantener sus privilegios. Y así, se eleva a la categoría de escándalo (o incluso delito) cualquier comportamiento que no siga la moral nacionalcatólica. Mientras, vemos como los verdaderos responsables de la corrupción (los que mandaban sobre las personas detenidas) siguen impunes en sus despachos.

La desigualdad creciente o la necesidad de un cambio de modelo productivo para generar empleo y luchar contra el cambio climático, son temas puestos en un segundo plano; mientras que los grandes medios (controlados por unos pocos grupos, muy cercanos al poder) se centran en banalidades de la política espectáculo, retroalimentada por las actuaciones de algunos líderes políticos.

Mientras en Europa las cosas no pintan mejor. La integración política vive sus peores momentos, llegando a aceptar incluso una regresión en la libertad de movimientos. Por un lado mediante concesiones al Reino Unido a cambio de su permanencia (un nuevo “cheque británico”, pagado esta vez con restricción de derechos), por otro lado por las limitaciones al tratado Schengen impuestas con la excusa del terrorismo y la llegada de refugiados.

Precisamente, la llegada de refugiados procedente de países en conflicto como Siria, Irak o Libia, ha puesto de manifiesto una vez más la decadencia moral de Europa. El espacio que históricamente fue sinónimo de solidaridad y cooperación internacional ha dejado a un lado los valores que le dieron sentido.

Europa no es el problema, el problema son sus dirigentes. Al inicio de la crisis algunos se planteaban grandes retos como la refundación del capitalismo o un cambio de modelo productivo, pero los líderes europeos han actuado de manera cortoplacista y egoista.

Sólo nos queda reclamar y esperar que lleguen nuevos líderes que sean capaces de dar un verdadero cambio de rumbo a la política española y europea. Y para ello, necesitamos una ciudadanía crítica e informada.

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Desigualdad y empleo

Este jueves 16 de octubre se celebra en todo el mundo el Blog Action Day #BAD2014 y la ONG Oxfam Intermon nos invita a escribir en nuestro blog sobre #Desigualdad, causa y consecuencia de las crisis económica, política y ecológica que vive el mundo actual.

Desde que en 2008 comenzanos a sentir la crisis global financiera, la mayoría de gobiernos ha tomado decisiones económicas equivocadas y contradictorias, centrándose más en salvar a las grandes empresas que en salvar a las personas. Además, uno de los mantras más extendidos ha sido que la primera prioridad debe ser acabar con las altas tasas de desempleo (sin importar cómo).

En esa deriva por beneficiar a las grandes empresas y “maquillar” las cifras de desempleo, el Gobierno español, en consonancia con la mayoría de gobiernos europeos, ha emprendido reformas legales que han recortado drásticamente los derechos laborales y los salarios de la población más vulnerable. Es posible que estas reformas consigan reducir levemente las cifras de desempleo, por un lado gracias al exilio juvenil, pero también porque las empresas pueden contratar ahora a 2 o 3 empleados al precio que contrataba antes a uno.

¿Supone esta posible creación de empleo una mejora en el bienestar de la población? ¿consigue reducir las desigualdades producidas por las altas tasas de paro? La respuesta clara es NO. No basta con que se cree empleo para reducir las desigualdades y mejorar el bienestar de la gente. Los datos actuales demuestran que hoy en España es posible ser pobre incluso teniendo un trabajo. El empleo, por tanto, no debe considerarse como un fin último de la política económica, sino como un medio (no el único) para garantizar el bienestar social y luchar contra las desigualdades.

Se hace necesario un giro radical en la política económica española y europea, que, a través de una reforma fiscal profunda que luche contra la evasión fiscal, anteponga la lucha contra la pobreza y la desigualdad, la justicia social dentro y fuera de nuestras fronteras, y la financiación de servicios públicos.

Está demostrado que las sociedades con menos desigual social son las que gozan de un mayor desarrollo económico. Sigamos esa vía y no la de la explotación para salir de la crisis.

Y en mayo de 2014 llegó la #PrimaveraEuropea

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Hace casi 3 años se produjo en España una revolución pacífica y democrática: el 15M. Es cierto que para muchos fracasó porque no consiguió sus objetivos de regeneración política y se fue disolviendo según aumentaban las discrepancias entre sus promotores. Pero también es cierto que muchas cosas no volvieron a ser iguales.

De aquellas protestas nació la conciencia de que había muchas cosas que cambiar y que éstas no iban a cambiar solas. De esta forma, en estos años han surgido multitud de plataformas con objetivos diversos y muchas de ellas los consiguieron (como la Marea Blanca en Madrid).

También en el ámbito estrictamente político han cambiado las cosas: una gran parte de la población es consciente hoy de que la regeneración política necesaria no se podrá dar de la mano del PP ni del PSOE. Han surgido nuevas opciones políticas de muy diferentes ideologías (conservadoras, liberales, ecologistas, comunistas…), aunque es en la izquierda (en sentido amplio y plural) donde se ha dado una mayor atomización de nuevos partidos.

Siempre he defendido que no valen ni 2 partidos ni 4, el sistema electoral debe permitir que haya una pluralidad de partidos para que todos podamos ver reflejada nuestra ideología en alguno. Pero más allá de esa pluralidad ideológica, en algunos casos estamos viendo partidos de corte personalista, nacidos de la popularidad mediática de su promotor y que no aportan nada nuevo (en el fondo o en la forma) que no ofrezcan ya otros partidos. Curiosamente, algunos de estos partidos personalistas se presentan como impulsores de “la unidad de la izquierda” para luchar contra los poderes fácticos, pero sin embargo han optado por presentarse en solitario a las Elecciones Europeas.

Mientras, EQUO ha seguido otro camino, lejos de personalismos mediáticos. Primero mediante un proceso de Primarias abiertas para elegir a todos sus candidatos, segundo realizando un Programa electoral en el que cualquier ciudadano podía hacer aportaciones y por último, decidiendo de forma democrática por toda la militancia promover una coalición amplia con otros partidos que también compartan 3 ejes fundamentales para estas elecciones: necesidad de una regeneración democrática profunda, anteponer las personas a los mercados en las decisiones políticas y cambiar el modelo productivo hacia uno sostenible. Así nació Primavera Europea, coalición integrada por EQUO, Compromis, Chunta Aragonesista, Participa, Partido Castellano, Por un Mundo +Justo, Socialistas Independientes de Extremadura, Caballas y Socialistas x Tenerife.

“Primavera Europea” es la coalición más amplia y diversa que se presenta a las Elecciones Europeas, pero con unos objetivos comunes muy claros: regenerar la política europea y apostar por una Europa de las personas. Los que buscaban un frente amplio contra las políticas del bipartidismo y la Troika, aquí lo encontrarán.

Ante la crisis: ¿Más integración de Europa o vuelta al Estado-Nación?

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Llevamos 6 años de crisis económica y en este tiempo se ha producido un importante desgaste de la imagen de las instituciones europeas. Desde los países del sur se ha percibido a la UE como impulsor de las políticas “austericidas” que han profundizado la gravedad de la crisis. Ante este análisis, bastante razonable, la respuesta de muchos es la siguiente: si no hubiésemos cedido soberanía a la UE, ahora podríamos tomar nuestras propias decisiones. Aquí está el error.

La UE se ha equivocado en su política económica, eso es indudable, pero lo ha hecho, en primer lugar, por una razón democrática: ha tomado medidas económicas neoliberales porque desde hace décadas el Parlamento y el Consejo tienen mayoría de centro-derecha, por lo que no se puede alegar falta de legitimidad democrática, sino que es responsabilidad de la ciudadanía europea al haber dejado (por acción u omisión) que esas mayorías se construyeran. También ha influido en esta mala gestión los errores en la arquitectura de la UE, que a menudo provoca parálisis o falta de legitimidad de algunas decisiones (como las tomadas por el Banco Central Europeo, que requeriría un control democrático). Precisamente estas deficiencias en el funcionamiento de la UE vienen provocadas por las reticencias de muchos Estados en ceder mayor soberanía para que la UE pueda funcionar como una verdadera organización federal democrática.

Según avanza el siglo XXI está más claro que la globalización en la que vivimos es inevitable. Ante este hecho, lo que debemos reclamar es que los poderes políticos (democráticos) sean capaces de controlar y regular a los poderes económicos (no democráticos). ¿Alguien piensa que cualquier Estado europeo por sí solo puede enfrentarse al poder de las grandes multinacionales y conglomerados financieros? Está claro que no. Sólo desde la unión de Estados democráticos, que compartimos valores y cultura, podemos establecer una regulación fuerte, que anteponga a las personas sobre los mercados.

La soberanía ciudadana no se pierde al traspasar competencias a instituciones supranacionales, siempre que éstas sean democráticas. Para eso es imprescindible una reforma profunda de la UE que permita, no sólo avanzar en la integración de las políticas europeas, sino también en la democratización de sus instituciones, dando más poder al Parlamento Europeo, entre otras medidas.

Además, ¿alguien puede garantizar que un Estado-Nación que no ceda competencias a instituciones supranacionales es totalmente soberano? ¿Acaso no estaría más expuesto al poder de los mercados internacionales?

Espero que en las próximas semanas que van a preceder a las Elecciones del 25 de mayo, tengamos la oportunidad de debatir estas cuestiones. Algunos partidos, como IU, Podemos o VOX, ya han deslizado de alguna forma el mensaje de que la solución a la crisis es quitarle poder a la UE. Frente a esa postura, desde EQUO se apuesta por profundizar en la integración, la cooperación y la democratización, con el fin de crear una Europa para las personas y no de los mercados.

Por una Europa Solidaria

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Si queremos construir un espacio europeo de convivencia, es imprescindible la existencia de la solidaridad entre Estados para fomentar el desarrollo de los más empobrecidos. La mejor forma de gestionar esta solidaridad sería mediante una fiscalidad europea, que fuese realmente progresiva y sirviese para producir una redistribución de la riqueza en Europa. Es lógico que los países del norte sean reticentes a sostener el desarrollo del sur, pero deben ser conscientes de que los graves y crecientes desequilibrios entre las economías europeas no les beneficia en absoluto. Sólo con unos vecinos prósperos podrán seguir manteniendo su nivel de desarrollo.

Este mismo argumento sirve para defender la solidaridad fuera de las fronteras europeas. No podemos permitir que el Mediterráneo separe dos mundos tan desiguales. Algunos ven como una amenaza la presión migratoria en esta zona y pretenden atajarla con medidas represivas, en vez de ir al origen del problema. La UE debe comprometerse seriamente con el cumplimiento de los Objetivos del Milenio e ir mucho más allá, invirtiendo más fondos en ayuda a la cooperación y el desarrollo y desplegando una diplomacia que tenga como primeros objetivos la paz y la erradicación del hambre.

Pero además de atacar los problemas desde su raíz, Europa debe hacer una gestión solidaria del fenómeno de la inmigración. No se puede consentir que los Estados frontera luchen contra los inmigrantes como si fueran enemigos o criminales, pero tampoco se puede dejar a estos Estados toda la responsabilidad de asumir la presión migratoria. La inmigración, si se gestiona bien, es muy beneficiosa para el desarrollo económico de Europa, que sufre un intenso envejecimiento de su población. Pero es necesario que todos los Estados se comprometan a colaborar, asumiendo una distribución equitativa de la inmigración en todo el continente mediante su libre circulación y residencia.

También nuestro sistema financiero necesita un cambio radical basado en la solidaridad. Es incomprensible que el Tratado del Banco Central Europeo no permita prestar dinero a los Estados y en cambio, preste a bajos intereses a la banca privada para que ésta especule con la deuda pública de algunos Estados. Debemos exigir un cambio de esta norma para que el BCE pueda financiar a los Estados y así podamos reducir el gasto público dedicado al pago de intereses. Además, se deben cambiar los objetivos del BCE (actualmente el único es mantener la inflación de los precios) para que sus políticas busquen el mayor bienestar de la ciudadanía europea.

Por otro lado, no hay nada más insolidario que la evasión fiscal, por lo que la UE debe imponerse como una de sus prioridades la lucha contra los paraísos fiscales, prohibiendo que empresas europeas operen en estos países para evadir impuestos. España por sí sola no podrá hacer nada, pero la UE sí que tiene poder suficiente para acabar con estas prácticas.

Frente a las políticas de competitividad y rivalidad (sálvese quien pueda) yo apuesto por las políticas de colaboración y cooperación para afrontar juntos los grandes problemas a los que nos afrontamos. La solidaridad es un valor que debe impregnar todas las políticas de la UE dentro y fuera de nuestro territorio porque, además, es indispensable para formar una Europa del bienestar, democrática y sostenible.

Por una Europa Sostenible

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Tras décadas de crecimiento económico considerable, con alguna crisis pasajera, Europa lleva más de 5 años inmersa en una profunda crisis económica. En España y otros Estados del sur el modelo de desarrollo basado en el ladrillazo ha fracasado y ha llevado al desempleo a millones de personas. Otros Estados, que mantuvieron un modelo económico más equilibrado, con industria avanzada y fuerte inversión en I+D, están afrontando mucho mejor la crisis, sólo afectados por el descenso del consumo de sus vecinos “pobres”.

Ante este panorama, debemos aprender la lección (no crear más burbujas) e impulsar un cambio profundo en nuestro modelo económico hacia uno más sostenible desde el punto de vista económico y ecológico. Europa no debe competir con Asia rebajando el coste de su mano de obra, la solución debe venir por la formación, la inversión en ciencia e I+D+i, que permitan obtener productos con un mayor valor añadido a partir de una menor cantidad de recursos limitados. Este cambio en el modelo económico no sólo nos blindará ante futuras crisis, sino que además, creará empleos de mayor cualificación, que suelen ser menos precarios.

Europa, como una de las regiones más desarrolladas del planeta, debe liderar la lucha contra el cambio climático. Es probablemente el reto más importante al que se debe enfrentar la humanidad en su conjunto, ya que sus efectos agravan los grandes problemas que ya existen en todo el planeta (hambrunas, catástrofes naturales…). La UE debe ser mucho más ambiciosa en sus planes de reducción de emisiones de CO2 y realizar una verdadera ofensiva diplomática para conseguir que el resto de potencias mundiales se comprometan de verdad con esta lucha.

La lucha contra el cambio climático y la dependencia energética exterior hacen que la apuesta por la eficiencia energética y las Energías Renovables deba ser el único camino a seguir por la UE en materia de energía. A los beneficios para el clima y para la balanza comercial hay que sumar el alto potencial de creación de empleo que tienen estas empresas y la reducción del coste energético que supondrá en el largo plazo, aumentando la competitividad de nuestra economía.

En definitiva, los europeos debemos ser conscientes de que la prosperidad económica debe ir unida, de forma indisoluble, con un desarrollo sostenible que permita garantizar esa prosperidad a las generaciones futuras. Cualquier desequilibrio que generemos mediante burbujas especulativas, nos terminará saliendo muy caro, más pronto que tarde, como sabemos muy bien los españoles. No nos resignemos a “salir de la recesión” repitiendo errores pasados y aprovechemos esta crisis para un cambio en nuestro modelo económico, productivo y energético que nos lleve a una Europa más sostenible.

Por una Europa del Bienestar

Por una Europa Democrática

Por una Europa Democrática

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La crisis que vive Europa no es sólo una crisis económica, fundamentalmente es una crisis política derivada de su falta de legitimación democrática. También la mayoría de los Estados miembro sufren sus propias crisis políticas, pero en esta ocasión me voy a centrar en la Unión Europea.

La UE fue creada a partir de la cesión de soberanía de los Estados, pero este proceso, a lo largo de décadas, siempre ha estado dirigido por los Gobiernos de los Estados. Este hecho es fundamental para entender por qué los ciudadanos europeos, a través de sus representantes en el Parlamento Europeo, siempre han estado en un segundo nivel de decisión. Debe ser el pueblo el que lidere la salida a esta crisis política y la mejor forma sería un proceso constituyente de la UE en el que sea la ciudadanía europea la que decida el marco de funcionamiento y los principios por los que se deban regir las instituciones europeas.

Este proceso constituyente daría lugar a una democracia más participativa. Gracias a las nuevas tecnologías, ya es posible que los ciudadanos se pronuncien a menudo sobre asuntos relevantes que les afecten. No se trata de sustituir la democracia representativa, pero tampoco se puede limitar la democracia a votar cada cuatro (o cinco) años. Tengo claro que no cualquier tema puede someterse a referéndum, por ejemplo, no se pueden restringir derechos humanos o de minorías porque una mayoría así lo quiera. Pero mediante una mayor formación democrática debemos ser capaces de decidir de forma directa cada vez más temas que nos afecten.

Las nuevas tecnologías, que permiten una mayor democracia participativa, también deberían ser utilizadas desde la UE (y desde cualquier Administración Pública) para ser más transparentes en su toma de decisiones. Ante los numerosos casos de corrupción que vemos a diario, la transparencia es el mejor arma para evitar que los gestores públicos tomen decisiones arbitrarias para enriquecer a amigos o a ellos mismos. El acceso a esta información no es sólo un derecho de los periodistas, es un derecho de los ciudadanos y no valen “Leyes de transparencia” como la española, que no garantizan este derecho.

Para que Europa sea de verdad un referente democrático, debe ser un referente en la defensa de los DDHH dentro y fuera de sus fronteras. A nivel interior, el Parlamento Europeo debe ser proactivo en el logro de la igualdad real para la mujer, luchando contra la violencia machista y fomentando la igualdad salarial. También igualdad real para la población LGTB, no sólo a través del matrimonio igualitario, sino favoreciendo programas de lucha contra la discriminación homófoba. La UE debe garantizar los derechos de los refugiados, pero también del resto de inmigrantes que llegan a nuestros Estados huyendo del hambre.

En el exterior, la UE, como potencia económica, tiene un gran peso. Se debe utilizar ese poder para exigir respeto a los DDHH en cualquier lugar del planeta, sea socio o no. Un buen paso sería incluir una cláusula en la firma de cualquier tratado comercial en el que se exijan garantías del respeto de los DDHH en ese Estado. No podemos seguir con la hipocresía de mantener relaciones comerciales con países como Arabia Saudí, que reprimen duramente a mujeres y homosexuales, y cuyos beneficios comerciales son apropiados únicamente por una pequeña élite.

Si queremos más democracia, el único camino es apostar por más Europa, porque ante el poder económico de grandes multinacionales, sólo podemos enfrentarnos democráticamente desde instituciones supranacionales como la UE. Está en nuestras manos decidir si queremos que la Unión Europea sea simplemente un mercado común o se convierta en un agente mundial al servicio de la Democracia y los Derechos Humanos.

Por una Europa del Bienestar

Por una Europa Sostenible

Por una Europa del Bienestar

Empezamos el año con un acontecimiento que nos afectará, más de lo que pensamos, en nuestra vida de los próximos años, las Elecciones al Parlamento Europeo del próximo 25 de mayo. Será el momento de decidir qué Europa queremos. Yo lo tengo claro: una Europa del bienestar, democrática, sostenible y solidaria. En éste y próximos artículos desarrollo qué significa esa idea.

Durante la segunda mitad del Siglo XX Europa se caracterizó por ser el principal espacio del bienestar en el Mundo gracias a que los Estados democráticos que surgieron tras la II Guerra Mundial se empeñaron en garantizar a sus ciudadanos servicios y derechos sociales. Sin embargo, estos Estados del Bienestar fueron muy desiguales, muy desarrollados en los países nórdicos, mientras que bastante deficitarios en el sur, por lo que en España nunca llegamos a un nivel suficiente.

Con la llegada de la contrarrevolución conservadora llamada “Neoliberalismo” todos los avances en asistencia social y sanitaria pública se pusieron en cuestión. Se inició un proceso privatizador de todos los servicios públicos y una limitación en el acceso universal y gratuito a estos servicios. Esta ideología se ha valido de la crisis económica como excusa para conseguir algo que venía décadas reclamando y no es más que el fin del Estado del Bienestar y su sustitución por un Estado Capitalista puro, donde cualquier servicio o prestación que alguien requiera sea suministrado por los mercados en vez de por el Estado (como ya comenté en un artículo anterior).

Aún estamos a tiempo de dar la vuelta a este proceso y apostar por una Europa del Bienestar, donde la sanidad, la educación, las pensiones y la ayuda a la dependencia sean derechos garantizados para cualquier ciudadano. La Unión Europea debe establecer un marco de prestaciones básicas, para que los Estados estén obligados a garantizar su prestación de forma universal, gratuita y pública.

Los jóvenes europeos, sobre todo los del sur, nos enfrentamos a la dura realidad del desempleo. Una gran parte de mi generación se ve empujada a la emigración para poder encontrar cualquier trabajo. Veo con mucha tristeza como se desaprovecha el talento de jóvenes, en los que se ha invertido recursos para su educación, que siendo ingenieros o teniendo varias licenciaturas tienen que irse fuera para poder trabajar, y encima, muchas veces en algo no relacionado a sus estudios. Incluso desde un punto de vista egoísta es un escándalo el despilfarro de recursos públicos formando a gente que luego no van a poder poner en práctica esos conocimientos aquí.

La UE no puede actuar con tiritas ante este drama. Se hacen necesarios programas de desarrollo industrial, con fuerte inversión en I+D+i y que vayan vinculados a las Universidades y centros de formación para poder aprovechar el talento generado. Europa no puede competir con China o India en costes laborales (como parece que pretende el Gobierno español), sino que debe hacerlo mediante la innovación y la formación.

Además, los europeos debemos ser conscientes de que si queremos que haya pleno empleo y a la vez, poder conciliar el horario laboral con el personal/familiar, tenemos que plantear una reducción de la jornada laboral que permita ambas cosas. Y en relación a esta redistribución del trabajo, también es inviable los actuales desequilibrios salariales en muchas empresas. Me parecería muy razonable que desde la UE se impusiera un ratio máximo de 12-1, es decir, que un trabajador no pueda cobrar en un mes más que otro trabajador de esa misma empresa en un año.

Por último, creo que desde el Parlamento Europeo se debe impulsar la llamada Renta básica europea, que sustituya a las diferentes modalidades de subsidio. Esta renta básica simplificaría el maremagnum de subsidios, que imponen numerosos requisitos y cuyo coste de gestión es mayor. La Renta básica europea garantizaría un importe mínimo (adaptado al nivel de precios de cada Estado) que todo ciudadano europeo tendría asegurado para subsistir, por lo que sería la mejor herramienta para luchar contra la pobreza y la desigualdad.

Éstas son sólo algunas de las propuestas e ideas que creo que se deberían llevar al Parlamento Europeo para conseguir una Europa del bienestar. En mi siguiente artículo desarrollaré algunas ideas para lograr una Europa democrática. Estaré encantado de recibir vuestros puntos de vista y comentarios sobre estos temas, porque Europa la debemos construir entre tod@s.

Por una Europa Democrática

Por una Europa Sostenible

4 días en el corazón de Europa (II)

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En mi artículo anterior finalicé anunciando que seguiría desarrollando lo mucho que dio de sí el seminario al que asistí en Bruselas invitado por la Green European Foundation. No sólo aprendimos cómo funcionan las instituciones europeas y cómo se plantea la próxima campaña electoral. También profundizamos en temas que son verdaderos retos globales:

Energía: En estos momentos el desarrollo económico de Europa depende de fuentes energéticas externas. Esto, unido al evidente cambio climático que estamos produciendo por las emisiones de CO2, hacen necesario un cambio en el modelo energético europeo. En primer lugar es imprescindible la reducción del consumo actual mediante una mayor eficiencia energética, que además posibilita mejorar nuestra competitividad al reducir costes. Pero la UE también debe apostar de manera decidida por las energías renovables. Si se consideran todos los costes (directos e indirectos) las renovables son la fuente más barata de energía, pero además, crean más empleo que cualquier otra.

Evidentemente, en cada Estado europeo se debe apostar por un mix de renovables diferente, en función de las características naturales, pero la apuesta debería ser generalizada. Un buen ejemplo es Eslovenia, donde se ha adoptado un impuesto sobre la electricidad progresivo (paga más por kw quien más consume) para reinvertir esos ingresos en proyectos de renovables y eficiencia energética. Mientras, España, una vez más, va a contracorriente y legisla contra el desarrollo de las renovables y el autoconsumo eléctrico. Algunos piensan que es una utopía pensar en un futuro con 100% energía limpia, pero si miramos 10 años atrás, pocos se podían imaginar un avance tan rápido de las renovables.

– Economía: Si algo hemos aprendido en las últimas décadas es que el simple crecimiento económico no garantiza una mayor equidad. El crecimiento descontrolado es lo que permite a algunos políticos prometer más a algunos sin tener que quitar a nadie, pero este modelo, tarde o temprano, colapsa. Por tanto, la clave está en la redistribución de los recursos limitados para conseguir una sociedad más equitativa. Para esto es básico un cambio en el modelo de desarrollo, pero no suficiente. Es indispensable combatir los paraísos fiscales, lo cual es imposible desde un solo Estado, pero la UE sí podría ser decisiva en acabar con esta piratería fiscal, que además de cobijar actividades ilícitas, sustrae recursos de las arcas públicas de nuestros Estados.

También es fundamental reformar el sistema financiero actual, en el que el Banco Central Europeo presta dinero a los Bancos privados a bajos tipos de interés para que luego éstos se lo presten a los Estados del sur a un interés mucho mayor. Esto funciona así porque se parte de la idea de que si el BCE financiara directamente a los Estados, estos derrocharían ese dinero barato, pero con los mecanismos de control del déficit público actuales esta excusa se ha evaporado. Debemos construir un sistema financiero europeo que sirva de apoyo a la economía real. No podemos caer en la autorregulación, porque esto supone la no regulación. Se debe regular el sistema financiero para evitar la irresponsabilidad de acumular inversiones en activos de alto riesgo, al considerar que en caso de fracaso serán rescatados. Una buena medida puede ser exigir un mayor ratio de capital en función del riesgo de las inversiones.

En definitiva, la política económica europea debe asegurar a la gente la posibilidad de desarrollarse vitalmente, combinando la equidad con la libertad individual para elegir el camino.

– Política social y empleo: Poco a poco, la UE se va dotando de herramientas para garantizar una igualdad de derechos laborales para los trabajadores en todos los Estados. Sin embargo, queda mucho por avanzar para conseguir una verdadera libertad de movimiento para trabajadores y, a la vez se conserve y desarrolle un sistema de protección social que tanto costó conseguir en el siglo XX. La lucha contra la pobreza debe ser una de las prioridades de la UE y para ello, establecer una Renta Básica europea, adaptada al poder adquisitivos de cada Estado, es fundamental. Ya existe una Iniciativa legislativa popular europea pidiendo su establecimiento y lucharemos para que el Parlamento la tome en consideración.

A propuesta del Partido Verde Europeo, el Parlamento aprobó la “Garantía juvenil”, que supone un mecanismo de protección europeo para garantizar empleo o formación a todos los jóvenes. Sin embargo, los presupuestos de la Unión han destinado pocos fondos a este fin, por lo que habrá que seguir luchando. También debemos exigir que las prácticas en empresas, que son un buen instrumento de inserción laboral, no sirvan a las empresas para sustituir a empleados remunerados.

– Inmigración: Los movimientos migratorios siempre han existido y seguirán existiendo. Debemos partir de esta idea para reconocer que ninguna valla va a frenar a las personas que huyen de su tierra por guerras o hambre. Por tanto, debemos preocuparnos por gestionar estos flujos, facilitando la regulación y garantizando los mismos derechos, porque ninguna persona es ilegal.

Si mejoramos la gestión de los movimientos migratorios podremos beneficiarnos de sus grandes ventajas, más en una Europa cada vez más envejecida. En la UE debe regir el principio de solidaridad, de forma interna, no dejando que la presión migratoria recaiga únicamente en los Estados frontera; y de forma externa, incrementando y mejorando la cooperación al desarrollo en aquellos países origen de la inmigración. También debemos dar las herramientas para ayudar a la integración de inmigrantes, pero no se debe ver esta integración como una imposición de nuestra cultura, sino como algo voluntario (exceptuando el respeto a los DDHH, que es algo innegociable).

– Transparencia y lobbys: El último día del seminario disfrutamos del original “Lobby Tour” que nos llevo por las sedes de los principales grupos de presión que pululan el Parlamento Europeo. Bruselas es, tras Washington, la segunda ciudad del mundo con más lobbistas. Esto da lugar a situaciones en las que determinadas normas acaban siendo elaboradas directamente por la industria afectada. Para atajar esto, el Partido Verde Europeo exige un mayor control, registrando cuál es la actividad diaria que realizan los lobbys. También es indispensable una legislación contra las “puertas giratorias”, que también se ha dado entre eurodiputados y comisarios, que han acabado trabajando para grandes empresas sujetas a regulación comunitaria. En definitiva, todo pasa por la Transparencia, que es el mejor remedio contra los abusos del poder.

Tras estos 4 días volví a Madrid cargado de ideas y propuestas sobre Europa, pero sobre todo, muy motivado para llevar estos mensajes a todas aquellas personas que hoy se sienten decepcionadas por la Política. Las soluciones para los problemas de nuestro sistema político pasan por más Política y por más Europa. El próximo 25 de mayo tendremos la ocasión de pronunciarnos sobre qué Europa queremos. Os espero!

4 días en el corazón de Europa (I)

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La semana pasada tuve la suerte de asistir a un seminario en Bruselas organizado por la Green European Foundation, fundación creada por el Partido Verde Europeo (al que pertenece EQUO) tras el fracaso de la Constitución Europea para crear una conciencia europea desde valores democráticos, la defensa de los DDHH y buscando un modelo económico sostenible. El objetivo del seminario era dar a conocer mejor las instituciones europeas, qué se decide en Europa y cuáles son las propuestas “verdes” a los retos europeos. Entre los ponentes, de un alto nivel, destacaron el eurodiputado belga Philippe Lamberts y la co-presidenta del Partido Verde Europeo Monica Frassoni.

Las próximas elecciones europeas serán clave para el futuro de nuestra sociedad. Con el Tratado de Lisboa, el Parlamento Europeo obtiene mayor poder al convertirse en colegislador en igualdad con el Consejo y ser decisivo para la elección del Presidente de la Comisión. La democracia en la UE es muy mejorable, pero no es menor que en los Estados. Si queremos una Europa más democrática es indispensable seguir aumentando las atribuciones del Parlamento, sobre todo ante el poder que están obteniendo órganos informales (Eurogrupo, Troika…) que no se someten al control de los ciudadanos ni del Parlamento. Pero también es necesario que nos impliquemos, decidiendo qué Europa queremos.

Europa es, quizás, el área geográfica con una mayor pluralidad de identidades y culturas. La UE no debe buscar la creación de una identidad europea, sino que debe defender y garantizar esa pluralidad. En este mundo cada vez más globalizado, se hace necesario buscar soluciones globales a problemas globales. Si no lo hace una institución democrática, corremos el riesgo de quedar al albor del poder no democrático de las multinacionales. Por tanto, la UE se convierte en un medio para dar una respuesta democrática a los grandes retos, pero debemos hacer pedagogía sobre lo que ocurre en Bruselas, porque sólo cuando una institución es entendida, se legitima. Para conseguir esa legitimación y luchar contra la alta abstención en las elecciones europeas, es necesario avanzar en la transparencia de las instituciones europeas. Esa transparencia es también indispensable para controlar el gran poder de los lobbys en Bruselas.

Ante la triple crisis a la que nos enfrentamos (económica, social y ecológica) y que está provocando el auge de nacionalismos y la violación de DDHH, la respuesta “verde” es más Democracia. Los problemas nunca se van a resolver con más fronteras. Apostamos por una Europa democrática, sostenible y solidaria. No se trata de simple retórica “buenista” sino de dar soluciones reales. Por ejemplo, ante el problema del desempleo, potenciar nuevas actividades económicas como la economía verde (energías renovables, tratamiento de residuos, agricultura ecológica…) que son más intensivas en mano de obra.

En el siguiente artículo comentaré con más detalle los temas sectoriales que tratamos en el seminario y que serán clave para el Partido Verde Europeo en los próximos meses, pero ya os adelanto, en contra de lo que algunos creen, que no discutimos sobre pájaros o plantas. Porque en el programa político “verde” lo primero son las personas y por tanto, garantizar el futuro de todas.