España y Europa a la deriva

La sociedad del consumo también se refleja en el consumo de información. Las nuevas tecnologías han traído mayor pluralidad informativa y facilidad de acceso a la información, pero también que el exceso de informaciones sature al receptor y se quede únicamente con un análisis superficial. Por eso, en ocasiones hay que pararse a analizar el conjunto, leer el detalle y así poder sacar conclusiones fundadas.

Llevamos cerca de 10 años sufriendo una crisis económica, social y política, que ha dado lugar a una reacción ciudadana pidiendo un cambio real en las políticas y en las instituciones. Pero hay importantes poderes fácticos que no se van a dar por vencidos tan fácilmente y pretenden forzar una contrarreforma que impida esa transición que tanta gente anhela. De esta forma, hemos sido testigos en las últimas semanas de una persecución contra la libertad de expresión y manifestación nunca vista en democracia. Se encarcela a artistas por una obra de ficción, se enjuicia a manifestantes y huelguistas, se publican datos personales y falsedades de activistas…

Hay una España rancia que se resiste a entrar en el siglo XXI y está dispuesta a todo para mantener sus privilegios. Y así, se eleva a la categoría de escándalo (o incluso delito) cualquier comportamiento que no siga la moral nacionalcatólica. Mientras, vemos como los verdaderos responsables de la corrupción (los que mandaban sobre las personas detenidas) siguen impunes en sus despachos.

La desigualdad creciente o la necesidad de un cambio de modelo productivo para generar empleo y luchar contra el cambio climático, son temas puestos en un segundo plano; mientras que los grandes medios (controlados por unos pocos grupos, muy cercanos al poder) se centran en banalidades de la política espectáculo, retroalimentada por las actuaciones de algunos líderes políticos.

Mientras en Europa las cosas no pintan mejor. La integración política vive sus peores momentos, llegando a aceptar incluso una regresión en la libertad de movimientos. Por un lado mediante concesiones al Reino Unido a cambio de su permanencia (un nuevo “cheque británico”, pagado esta vez con restricción de derechos), por otro lado por las limitaciones al tratado Schengen impuestas con la excusa del terrorismo y la llegada de refugiados.

Precisamente, la llegada de refugiados procedente de países en conflicto como Siria, Irak o Libia, ha puesto de manifiesto una vez más la decadencia moral de Europa. El espacio que históricamente fue sinónimo de solidaridad y cooperación internacional ha dejado a un lado los valores que le dieron sentido.

Europa no es el problema, el problema son sus dirigentes. Al inicio de la crisis algunos se planteaban grandes retos como la refundación del capitalismo o un cambio de modelo productivo, pero los líderes europeos han actuado de manera cortoplacista y egoista.

Sólo nos queda reclamar y esperar que lleguen nuevos líderes que sean capaces de dar un verdadero cambio de rumbo a la política española y europea. Y para ello, necesitamos una ciudadanía crítica e informada.

Si queremos ganar, apostemos por la confluencia

ada y manuela

Una vez pasadas las elecciones autonómicas y municipales se pueden hacer muchos análisis, uno de ellos es que se ha confirmado aquello que vaticiné en septiembre del año pasado en este otro artículo. No es que yo sea adivino, sino que mi reflexión simplemente reflejaba algo que en un amplio sector de la población se viene reclamando desde hace años: anteponer el cambio político a las siglas partidistas.

Muchas personas nos dimos cuenta hace más de un año que para conseguir un verdadero cambio en las políticas que se estaban aplicando desde los Ayuntamientos de espaldas a las personas, era necesario sumar partidos, movimientos sociales y ciudadanos para multiplicar el apoyo de la gente. Así ocurrió el 24M y por eso los Ayuntamientos de Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, A Coruña y algunos más estarán pronto al servicio de las personas y no de los oligarcas locales.

No fue posible, en cambio, trasladar esas candidaturas de confluencia al ámbito autonómico por la negativa de Podemos; y viendo los resultados, se demuestra que fue una decisión equivocada, ya que no han conseguido pasar de tercera fuerza en ninguna autonomía y sus candidaturas han tenido mucho menos apoyo que las candidaturas de confluencia municipales. Es verdad que en esto ha influido mucha campaña mediática anti-Podemos que ha limitado su crecimiento, pero independientemente de los motivos, lo cierto es que la marca Podemos tiene un alto rechazo entre una gran parte de la población, que en cambio sí puede estar dispuesta a votar una candidatura de confluencia en la que participe gente de Podemos y de otros partidos y movimientos sociales.

La próxima meta (y quizás la definitiva) será en otoño, cuando se celebrarán Elecciones Generales y espero que todas las partes sepan estar a la altura de las circunstancias. Tras más de 5 años de austericidio, después de varias décadas de corrupción en los principales partidos, es más necesario que nunca un vuelco electoral que dé el poder a candidaturas que pongan las instituciones al servicio de las personas. Una candidatura impulsada desde la ciudadanía, con el apoyo de fuerzas como Podemos, IU, EQUO, Compromis, AGE, CHA o PUM+J, que represente esa unidad en la diversidad, sería capaz de convencer a una amplia mayoría de la sociedad con medidas reales frente a la crisis económica, política, social y ecológica que sufrimos.

Si los dirigentes de Podemos se empeñan en presentarse bajo sus siglas, en vez de apoyar la confluencia, estarán anteponiendo sus intereses personales a los de la sociedad, se estarán convirtiendo en esa casta que tanto han criticado. Confío en que las bases del partido sean capaces de convencer a sus líderes de que la suma desde abajo multiplica y que la generosidad en política, tarde o temprano, es recompensada. Si la inteligencia colectiva que ha llevado al triunfo de Manuela Carmena o Ada Colau funciona, en otoño tendremos una candidatura de confluencia capaz de dignificar nuestras instituciones.

Objetivo 2015: Ganar la Democracia

Empezamos un nuevo curso que desembocará en una serie de procesos electorales: municipales y autonómicas en mayo y generales en noviembre (si no se adelantan), además de previsibles adelantos en Catalunya y Andalucía. Esta acumulación de procesos llega además en un momento político de cambio sin precedentes desde 1978.

Cuando en 2011 desmantelaron el campamento de Sol del 15M, muchos se apresuraron en vaticinar que ese movimiento estaba muerto. Lo cierto es que vivió meses de luchas internas y poco a poco sus reclamaciones se fueron apagando. Pero lo realmente interesante de este movimiento de indignación es su capacidad camaleónica. De hecho, el origen del 15M no es otra cosa que la confluencia de diferentes movimientos sociales que llevaban años con distintas reclamaciones (jóvenes por el derecho a la vivienda, pacientes reclamando sanidad pública de calidad, ciudadanos hartos de la corrupción y la falta de democracia participativa…).

Esa capacidad camaleónica y algo guadiana (aparece y desaparece pero está siempre ahí) fue la que dio lugar a las mareas ciudadanas (con gran éxito de la marea blanca en Madrid, que paralizó la privatización sanitaria) y es la que provocó una gran sorpresa en las pasadas Elecciones Europeas, al dar lugar a una caída del bipartidismo sin precedentes y al surgimiento de Podemos.

Es, por tanto, indispensable analizar la cronología de los movimientos sociales desde 2011 (e incluso antes) para entender la situación política actual de cambio. Errarían los dirigentes de Podemos si atribuyeran su éxito únicamente a una buena estrategia electoral y a sus capacidades personales. Podemos no es más que el prestatario de un apoyo surgido de los movimientos sociales que llevan años intentando provocar un cambio por medio de diferentes fórmulas.

Quedan aún 8 meses para las elecciones municipales (que son las primeras previstas en principio) y ya se están produciendo movimientos interesantes en muchas ciudades para dar un paso más. Se trata de crear candidaturas ciudadanas elegidas mediante primarias abiertas a la sociedad y con un programa elaborado por la ciudadanía, con gente proveniente de movimientos sociales y con el apoyo de partidos de izquierda.

Creo y deseo que, si estas candidaturas salen adelante, pueden ser las próximas depositarias del apoyo de esa ciudadanía indignada que salió a las plazas a reclamar “Democracia real YA”, no conformándose esta vez con obtener una representación simbólica, sino luchando por ganar las instituciones para devolverlas al servicio de la ciudadanía.

Y en mayo de 2014 llegó la #PrimaveraEuropea

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Hace casi 3 años se produjo en España una revolución pacífica y democrática: el 15M. Es cierto que para muchos fracasó porque no consiguió sus objetivos de regeneración política y se fue disolviendo según aumentaban las discrepancias entre sus promotores. Pero también es cierto que muchas cosas no volvieron a ser iguales.

De aquellas protestas nació la conciencia de que había muchas cosas que cambiar y que éstas no iban a cambiar solas. De esta forma, en estos años han surgido multitud de plataformas con objetivos diversos y muchas de ellas los consiguieron (como la Marea Blanca en Madrid).

También en el ámbito estrictamente político han cambiado las cosas: una gran parte de la población es consciente hoy de que la regeneración política necesaria no se podrá dar de la mano del PP ni del PSOE. Han surgido nuevas opciones políticas de muy diferentes ideologías (conservadoras, liberales, ecologistas, comunistas…), aunque es en la izquierda (en sentido amplio y plural) donde se ha dado una mayor atomización de nuevos partidos.

Siempre he defendido que no valen ni 2 partidos ni 4, el sistema electoral debe permitir que haya una pluralidad de partidos para que todos podamos ver reflejada nuestra ideología en alguno. Pero más allá de esa pluralidad ideológica, en algunos casos estamos viendo partidos de corte personalista, nacidos de la popularidad mediática de su promotor y que no aportan nada nuevo (en el fondo o en la forma) que no ofrezcan ya otros partidos. Curiosamente, algunos de estos partidos personalistas se presentan como impulsores de “la unidad de la izquierda” para luchar contra los poderes fácticos, pero sin embargo han optado por presentarse en solitario a las Elecciones Europeas.

Mientras, EQUO ha seguido otro camino, lejos de personalismos mediáticos. Primero mediante un proceso de Primarias abiertas para elegir a todos sus candidatos, segundo realizando un Programa electoral en el que cualquier ciudadano podía hacer aportaciones y por último, decidiendo de forma democrática por toda la militancia promover una coalición amplia con otros partidos que también compartan 3 ejes fundamentales para estas elecciones: necesidad de una regeneración democrática profunda, anteponer las personas a los mercados en las decisiones políticas y cambiar el modelo productivo hacia uno sostenible. Así nació Primavera Europea, coalición integrada por EQUO, Compromis, Chunta Aragonesista, Participa, Partido Castellano, Por un Mundo +Justo, Socialistas Independientes de Extremadura, Caballas y Socialistas x Tenerife.

“Primavera Europea” es la coalición más amplia y diversa que se presenta a las Elecciones Europeas, pero con unos objetivos comunes muy claros: regenerar la política europea y apostar por una Europa de las personas. Los que buscaban un frente amplio contra las políticas del bipartidismo y la Troika, aquí lo encontrarán.

Ante la crisis: ¿Más integración de Europa o vuelta al Estado-Nación?

integración europea

Llevamos 6 años de crisis económica y en este tiempo se ha producido un importante desgaste de la imagen de las instituciones europeas. Desde los países del sur se ha percibido a la UE como impulsor de las políticas “austericidas” que han profundizado la gravedad de la crisis. Ante este análisis, bastante razonable, la respuesta de muchos es la siguiente: si no hubiésemos cedido soberanía a la UE, ahora podríamos tomar nuestras propias decisiones. Aquí está el error.

La UE se ha equivocado en su política económica, eso es indudable, pero lo ha hecho, en primer lugar, por una razón democrática: ha tomado medidas económicas neoliberales porque desde hace décadas el Parlamento y el Consejo tienen mayoría de centro-derecha, por lo que no se puede alegar falta de legitimidad democrática, sino que es responsabilidad de la ciudadanía europea al haber dejado (por acción u omisión) que esas mayorías se construyeran. También ha influido en esta mala gestión los errores en la arquitectura de la UE, que a menudo provoca parálisis o falta de legitimidad de algunas decisiones (como las tomadas por el Banco Central Europeo, que requeriría un control democrático). Precisamente estas deficiencias en el funcionamiento de la UE vienen provocadas por las reticencias de muchos Estados en ceder mayor soberanía para que la UE pueda funcionar como una verdadera organización federal democrática.

Según avanza el siglo XXI está más claro que la globalización en la que vivimos es inevitable. Ante este hecho, lo que debemos reclamar es que los poderes políticos (democráticos) sean capaces de controlar y regular a los poderes económicos (no democráticos). ¿Alguien piensa que cualquier Estado europeo por sí solo puede enfrentarse al poder de las grandes multinacionales y conglomerados financieros? Está claro que no. Sólo desde la unión de Estados democráticos, que compartimos valores y cultura, podemos establecer una regulación fuerte, que anteponga a las personas sobre los mercados.

La soberanía ciudadana no se pierde al traspasar competencias a instituciones supranacionales, siempre que éstas sean democráticas. Para eso es imprescindible una reforma profunda de la UE que permita, no sólo avanzar en la integración de las políticas europeas, sino también en la democratización de sus instituciones, dando más poder al Parlamento Europeo, entre otras medidas.

Además, ¿alguien puede garantizar que un Estado-Nación que no ceda competencias a instituciones supranacionales es totalmente soberano? ¿Acaso no estaría más expuesto al poder de los mercados internacionales?

Espero que en las próximas semanas que van a preceder a las Elecciones del 25 de mayo, tengamos la oportunidad de debatir estas cuestiones. Algunos partidos, como IU, Podemos o VOX, ya han deslizado de alguna forma el mensaje de que la solución a la crisis es quitarle poder a la UE. Frente a esa postura, desde EQUO se apuesta por profundizar en la integración, la cooperación y la democratización, con el fin de crear una Europa para las personas y no de los mercados.

¿Se acuerdan de los papeles de Bárcenas?

Los papeles de Bárcenas

Había un tiempo (en realidad sólo ha pasado un año) en el que cada día nos levantábamos con una nueva revelación sobre la corrupción sistémica en el partido del Gobierno (también llamado “La Mafia“). Durante meses asistimos a decenas de escándalos que, sólo de forma individual, habrían hecho dimitir a cualquiera en un país normal. Por entonces, iluso de mi, creí sinceramente que la situación era insostenible y que a este Gobierno le quedaban pocos meses.

¿Qué ha pasado? ¿Por qué ya nadie se acuerda de aquello? ¿Por qué los grandes medios de comunicación ya no tratan el tema o siguen investigando?

La respuesta es compleja, pero se resume en que menospreciamos la estrategia de “La Mafia”. Pensábamos que la reacción del Gobierno y su partido era pura improvisación para salir al paso, pero ha sido un éxito. A través del control sobre el Poder Judicial y, sobre todo, sobre los medios de comunicación, han sido capaces de llevar las aguas a su cauce. Muy destacable es lo que ha ocurrido con los grandes medios de comunicación: el Gobierno ya controlaba a la mayoría, pero la crisis económica le ha permitido tomar el control de la totalidad de diarios impresos. Leer hoy las portadas de los diarios en un kiosko es como leer el BOE: Todo es “recuperación económica”.

Pero, ¿todas las culpas son ajenas? ¿Acaso no es exigible una actitud más crítica de la ciudadanía? La saturación de información nos ha convertido en receptores de información de usar y tirar. Esa inundación de noticias hace más fácil que olvidemos lo que ocurrió la semana pasada, pero ahí es donde entra el análisis crítico personal, que es el que debe construir una opinión razonada sobre el contexto social en el que vivimos.

Se acercan unas Elecciones Europeas, momento en que “La Mafia” reforzará su estrategia propagandística de la “Recuperación Económica” para tapar lo que hemos visto, leído y vivido en estos últimos años. Está en nuestras manos caer en la trampa o ser capaces de analizar de forma racional qué es lo que están haciendo con nuestros derechos. Es el momento de responder.

Por una Europa Sostenible

sostenible

Tras décadas de crecimiento económico considerable, con alguna crisis pasajera, Europa lleva más de 5 años inmersa en una profunda crisis económica. En España y otros Estados del sur el modelo de desarrollo basado en el ladrillazo ha fracasado y ha llevado al desempleo a millones de personas. Otros Estados, que mantuvieron un modelo económico más equilibrado, con industria avanzada y fuerte inversión en I+D, están afrontando mucho mejor la crisis, sólo afectados por el descenso del consumo de sus vecinos “pobres”.

Ante este panorama, debemos aprender la lección (no crear más burbujas) e impulsar un cambio profundo en nuestro modelo económico hacia uno más sostenible desde el punto de vista económico y ecológico. Europa no debe competir con Asia rebajando el coste de su mano de obra, la solución debe venir por la formación, la inversión en ciencia e I+D+i, que permitan obtener productos con un mayor valor añadido a partir de una menor cantidad de recursos limitados. Este cambio en el modelo económico no sólo nos blindará ante futuras crisis, sino que además, creará empleos de mayor cualificación, que suelen ser menos precarios.

Europa, como una de las regiones más desarrolladas del planeta, debe liderar la lucha contra el cambio climático. Es probablemente el reto más importante al que se debe enfrentar la humanidad en su conjunto, ya que sus efectos agravan los grandes problemas que ya existen en todo el planeta (hambrunas, catástrofes naturales…). La UE debe ser mucho más ambiciosa en sus planes de reducción de emisiones de CO2 y realizar una verdadera ofensiva diplomática para conseguir que el resto de potencias mundiales se comprometan de verdad con esta lucha.

La lucha contra el cambio climático y la dependencia energética exterior hacen que la apuesta por la eficiencia energética y las Energías Renovables deba ser el único camino a seguir por la UE en materia de energía. A los beneficios para el clima y para la balanza comercial hay que sumar el alto potencial de creación de empleo que tienen estas empresas y la reducción del coste energético que supondrá en el largo plazo, aumentando la competitividad de nuestra economía.

En definitiva, los europeos debemos ser conscientes de que la prosperidad económica debe ir unida, de forma indisoluble, con un desarrollo sostenible que permita garantizar esa prosperidad a las generaciones futuras. Cualquier desequilibrio que generemos mediante burbujas especulativas, nos terminará saliendo muy caro, más pronto que tarde, como sabemos muy bien los españoles. No nos resignemos a “salir de la recesión” repitiendo errores pasados y aprovechemos esta crisis para un cambio en nuestro modelo económico, productivo y energético que nos lleve a una Europa más sostenible.

Por una Europa del Bienestar

Por una Europa Democrática

Por una Europa Democrática

europa

La crisis que vive Europa no es sólo una crisis económica, fundamentalmente es una crisis política derivada de su falta de legitimación democrática. También la mayoría de los Estados miembro sufren sus propias crisis políticas, pero en esta ocasión me voy a centrar en la Unión Europea.

La UE fue creada a partir de la cesión de soberanía de los Estados, pero este proceso, a lo largo de décadas, siempre ha estado dirigido por los Gobiernos de los Estados. Este hecho es fundamental para entender por qué los ciudadanos europeos, a través de sus representantes en el Parlamento Europeo, siempre han estado en un segundo nivel de decisión. Debe ser el pueblo el que lidere la salida a esta crisis política y la mejor forma sería un proceso constituyente de la UE en el que sea la ciudadanía europea la que decida el marco de funcionamiento y los principios por los que se deban regir las instituciones europeas.

Este proceso constituyente daría lugar a una democracia más participativa. Gracias a las nuevas tecnologías, ya es posible que los ciudadanos se pronuncien a menudo sobre asuntos relevantes que les afecten. No se trata de sustituir la democracia representativa, pero tampoco se puede limitar la democracia a votar cada cuatro (o cinco) años. Tengo claro que no cualquier tema puede someterse a referéndum, por ejemplo, no se pueden restringir derechos humanos o de minorías porque una mayoría así lo quiera. Pero mediante una mayor formación democrática debemos ser capaces de decidir de forma directa cada vez más temas que nos afecten.

Las nuevas tecnologías, que permiten una mayor democracia participativa, también deberían ser utilizadas desde la UE (y desde cualquier Administración Pública) para ser más transparentes en su toma de decisiones. Ante los numerosos casos de corrupción que vemos a diario, la transparencia es el mejor arma para evitar que los gestores públicos tomen decisiones arbitrarias para enriquecer a amigos o a ellos mismos. El acceso a esta información no es sólo un derecho de los periodistas, es un derecho de los ciudadanos y no valen “Leyes de transparencia” como la española, que no garantizan este derecho.

Para que Europa sea de verdad un referente democrático, debe ser un referente en la defensa de los DDHH dentro y fuera de sus fronteras. A nivel interior, el Parlamento Europeo debe ser proactivo en el logro de la igualdad real para la mujer, luchando contra la violencia machista y fomentando la igualdad salarial. También igualdad real para la población LGTB, no sólo a través del matrimonio igualitario, sino favoreciendo programas de lucha contra la discriminación homófoba. La UE debe garantizar los derechos de los refugiados, pero también del resto de inmigrantes que llegan a nuestros Estados huyendo del hambre.

En el exterior, la UE, como potencia económica, tiene un gran peso. Se debe utilizar ese poder para exigir respeto a los DDHH en cualquier lugar del planeta, sea socio o no. Un buen paso sería incluir una cláusula en la firma de cualquier tratado comercial en el que se exijan garantías del respeto de los DDHH en ese Estado. No podemos seguir con la hipocresía de mantener relaciones comerciales con países como Arabia Saudí, que reprimen duramente a mujeres y homosexuales, y cuyos beneficios comerciales son apropiados únicamente por una pequeña élite.

Si queremos más democracia, el único camino es apostar por más Europa, porque ante el poder económico de grandes multinacionales, sólo podemos enfrentarnos democráticamente desde instituciones supranacionales como la UE. Está en nuestras manos decidir si queremos que la Unión Europea sea simplemente un mercado común o se convierta en un agente mundial al servicio de la Democracia y los Derechos Humanos.

Por una Europa del Bienestar

Por una Europa Sostenible

Por una Europa del Bienestar

Empezamos el año con un acontecimiento que nos afectará, más de lo que pensamos, en nuestra vida de los próximos años, las Elecciones al Parlamento Europeo del próximo 25 de mayo. Será el momento de decidir qué Europa queremos. Yo lo tengo claro: una Europa del bienestar, democrática, sostenible y solidaria. En éste y próximos artículos desarrollo qué significa esa idea.

Durante la segunda mitad del Siglo XX Europa se caracterizó por ser el principal espacio del bienestar en el Mundo gracias a que los Estados democráticos que surgieron tras la II Guerra Mundial se empeñaron en garantizar a sus ciudadanos servicios y derechos sociales. Sin embargo, estos Estados del Bienestar fueron muy desiguales, muy desarrollados en los países nórdicos, mientras que bastante deficitarios en el sur, por lo que en España nunca llegamos a un nivel suficiente.

Con la llegada de la contrarrevolución conservadora llamada “Neoliberalismo” todos los avances en asistencia social y sanitaria pública se pusieron en cuestión. Se inició un proceso privatizador de todos los servicios públicos y una limitación en el acceso universal y gratuito a estos servicios. Esta ideología se ha valido de la crisis económica como excusa para conseguir algo que venía décadas reclamando y no es más que el fin del Estado del Bienestar y su sustitución por un Estado Capitalista puro, donde cualquier servicio o prestación que alguien requiera sea suministrado por los mercados en vez de por el Estado (como ya comenté en un artículo anterior).

Aún estamos a tiempo de dar la vuelta a este proceso y apostar por una Europa del Bienestar, donde la sanidad, la educación, las pensiones y la ayuda a la dependencia sean derechos garantizados para cualquier ciudadano. La Unión Europea debe establecer un marco de prestaciones básicas, para que los Estados estén obligados a garantizar su prestación de forma universal, gratuita y pública.

Los jóvenes europeos, sobre todo los del sur, nos enfrentamos a la dura realidad del desempleo. Una gran parte de mi generación se ve empujada a la emigración para poder encontrar cualquier trabajo. Veo con mucha tristeza como se desaprovecha el talento de jóvenes, en los que se ha invertido recursos para su educación, que siendo ingenieros o teniendo varias licenciaturas tienen que irse fuera para poder trabajar, y encima, muchas veces en algo no relacionado a sus estudios. Incluso desde un punto de vista egoísta es un escándalo el despilfarro de recursos públicos formando a gente que luego no van a poder poner en práctica esos conocimientos aquí.

La UE no puede actuar con tiritas ante este drama. Se hacen necesarios programas de desarrollo industrial, con fuerte inversión en I+D+i y que vayan vinculados a las Universidades y centros de formación para poder aprovechar el talento generado. Europa no puede competir con China o India en costes laborales (como parece que pretende el Gobierno español), sino que debe hacerlo mediante la innovación y la formación.

Además, los europeos debemos ser conscientes de que si queremos que haya pleno empleo y a la vez, poder conciliar el horario laboral con el personal/familiar, tenemos que plantear una reducción de la jornada laboral que permita ambas cosas. Y en relación a esta redistribución del trabajo, también es inviable los actuales desequilibrios salariales en muchas empresas. Me parecería muy razonable que desde la UE se impusiera un ratio máximo de 12-1, es decir, que un trabajador no pueda cobrar en un mes más que otro trabajador de esa misma empresa en un año.

Por último, creo que desde el Parlamento Europeo se debe impulsar la llamada Renta básica europea, que sustituya a las diferentes modalidades de subsidio. Esta renta básica simplificaría el maremagnum de subsidios, que imponen numerosos requisitos y cuyo coste de gestión es mayor. La Renta básica europea garantizaría un importe mínimo (adaptado al nivel de precios de cada Estado) que todo ciudadano europeo tendría asegurado para subsistir, por lo que sería la mejor herramienta para luchar contra la pobreza y la desigualdad.

Éstas son sólo algunas de las propuestas e ideas que creo que se deberían llevar al Parlamento Europeo para conseguir una Europa del bienestar. En mi siguiente artículo desarrollaré algunas ideas para lograr una Europa democrática. Estaré encantado de recibir vuestros puntos de vista y comentarios sobre estos temas, porque Europa la debemos construir entre tod@s.

Por una Europa Democrática

Por una Europa Sostenible