Servicios públicos y privatizaciones

Decía el otro día Esperanza Aguirre en una entrevista que, por supuesto, la iniciativa privada gestiona mejor que la Administración pública los servicios que ésta debe prestar. Lo primero que me llamó la atención de esta afirmación es el reconocimiento de su incompetencia como gestora tras 30 años trabajando en “lo público”. Quizás lo que debería haber hecho es dimitir mucho antes, al entender que no estaba capacitada para gestionar de forma eficiente.

Más allá de esta contradicción (una más de las muchas a las que nos tiene acostumbrados la lideresa), es necesario remarcar que no existe ninguna razón jurídica ni económica que justifique la afirmación de que es más eficiente la gestión privada que la pública. Es una mentira repetida mil veces por las voces neoliberales con el único objetivo de aumentar sus parcelas de negocio.

Cuando se externaliza un servicio, la empresa contratada tiene que asumir el coste de ofrecer ese servicio y además obtener un margen de beneficio. Trasladándolo a una ecuación, para que el resultado cuadre, sólo pueden ocurrir 3 cosas: aumenta el coste para la Administración, se recorta el sueldo de los empleados o se ofrece un peor servicio público.

Poniendo un ejemplo de reciente actualidad: el servicio de limpieza en la ciudad de Madrid. ¿Qué habría pasado si, ante el conflicto existente, el Ayuntamiento hubiese optado por remunicipalizar el servicio manteniendo las condiciones laborales de los trabajadores? Pues simplemente se habría ahorrado el margen de beneficio que obtiene la empresa (curiosamente, una de las muchas donantes ilegales del PP). No es una locura lo que digo, el Ayuntamiento de León ha conseguido ahorrar en el servicio de limpieza tras remuniciparlo.

Por supuesto, la intervención de empresas privadas es necesaria para determinados servicios públicos, pero sólo debería ser para actividades temporales o accesorias. En las últimas décadas todas las Administraciones, tanto del PP como del PSOE han sobrepasado ese nivel “imprescindible” de externalización. Precisamente, muchas veces se argumenta, para justificar estas privatizaciones, que si se han generalizado tanto será porque son más eficientes, sin explicar los verdaderos motivos.

Una buena forma de buscar las causas del proceso de privatizaciones podría ser leer los “papeles de Bárcenas”. En éstos se refleja el sistema de financiación ilegal del PP durante décadas, basado en el cobro de comisiones a cambio de concesiones administrativas. Este sistema no es exclusivo de los populares, sino que también ha existido (de forma más o menos generalizada) en otros partidos como CiU o PSOE. Pero lo más importante es la conclusión que se puede sacar de estas tramas corruptas: a más privatizaciones, más negocio; y a más negocio, más comisiones para partidos y corruptos.

Más grave aún que las externalizaciones (privatizaciones de la gestión) de servicios públicos son las privatizaciones de sectores estratégicos producidas desde los años 90. Los mercados del agua y la luz, por ejemplo, además de estratégicos, son monopolios u oligopolios (existen barreras de entrada que impiden la libre competencia), por lo que nadie puede esperar que con esas privatizaciones se obtenga un mercado más eficiente. Lo único que sí ha quedado probado es la facilidad para colocar en estas empresas a amigos de los propios privatizadores o directamente a ex-ministros y ex-presidentes (las llamadas “puertas giratorias” que llegan a beneficiar en ocasiones a la misma persona que privatizó la empresa), lo que pone en cuestión la independencia de los principales partidos para regular estos sectores.

Algunos pensarán que estar en contra de las privatizaciones es algo propio del comunismo marxista. Pues se sorprenderían de cuantos gobiernos marxistas hay en Europa. La liberal Alemania mantiene nacionalizada la mayor parte de su principal eléctrica (E-On), al igual que Italia controla la suya (Enel). También se producen en el ámbito municipal europeo ejemplos que contradicen ese mantra de que “la empresa privada lo hace mejor”: en Berlín y París se ha optado por remunicipalizar el servicio de abastecimiento de agua tras sufrir los efectos de su privatización.

No quiero con este artículo ser complaciente ni afirmar que el sector público funciona perfectamente. Por supuesto hay muchas cosas que reformar para conseguir que la gestión publica de los servicios sea lo más eficiente posible, manteniendo o mejorando la calidad de los servicios y ofreciendo condiciones laborales dignas a sus trabajadores. Cuando alguien enferma hay que curarlo, no cortarle una pierna. Defendamos unas Administraciones Públicas más eficaces como mejor defensa de lo público y desconfiemos de aquellos gestores que admiten su incompetencia al querer privatizar sus responsabilidades.